lunes, 19 de febrero de 2018

domingo, 18 de febrero de 2018

Tarde entonada


La tasa, muy Mozart, convivía con la jarra muy Scarlatti. Todo parecía indicar que la tarde sería tranquila, sin tonos violentos, pero la intrusa cuchara, muy Brahms, tenía que expresarse, dramáticamente. Presto, intenté acompañarla con un movimiento circular en el agua de té de pasiflora para mitigar ese dolor de la existencia tan suyo. Hipocondríaca, veía tonos mayores devastarla, perdía el compás para caer en un silencio de fusa. Como podrán imaginar mi tarde nunca alcanzó la tensión necesaria para encontrar el goce estético. He salido de casa molesto. No tuve reparos en comprar unos palitos de madera para sustituir a la cuchara. 
Tienen razón, regresé al origen, el compás binario que todo corazón tiene para armonizar con el domingo.

sábado, 17 de febrero de 2018

Lección cuarta: Hoyo en granito


La concentración de masa no es nueva. La región finita de la piedra sugiere que nada puede salir de ella, como la memoria, la radiación genera un horizonte de sucesos.

viernes, 16 de febrero de 2018

Jonas y la palmera


Los días son extremadamente calientes. La arena parece que se rompe en mil pedazos. Jonas llegó como los impíos, sin ceremonias, se recostó en la candente arena, junto a la palmera que tajante como columna egipcia desuella al poco viento que choca en contra sus hojas. La luz rota, fulgor que caía a plomo sobre el cráneo de Jonas. Cansado de hombres y ciudades llegó a este solitario páramo. No hay paredes, nada que le impida volver al punto de partida. Jonas acaricia amorosamente el tronco de la palmera. Nada le gusta más que la textura, el repliegue de su forma. La palmera erguida, permanece invencible. Un mundo de vértigo lo somete. Recuerda ese sonar remoto del llano. Huizaches, cantos de grillos; sus pies dando pasos de ciego levantando polvo. Se abraza a la palmera; a su querida palmera. Jonas reconoce su debilidad. 
Así es el sueño cuando busca su cauce en los días extremadamente calientes.

jueves, 15 de febrero de 2018

Recibidor


Los reflejos son el esqueleto discreto de las imágenes proyectadas en el agua. No hay mejor gris que el horizonte callado de la ciudad con su río. A veces un barco se desprende y surca en silencio haciendo de la estela una especie de llanto que fluye en comunión. La brisa errante nos cuaja y somos los estáticos ojos que se espantan al oír el rumor de una vieja tristeza o ese deseo de partir y desandar el camino. Furtivos, los tonos turbios de los ocres se pierden como huéspedes que no saben cuál puerta indica la salida.
Es fácil decir que los tránsitos futuros errarán por lo que llaman alma. Una prosa nadará incolora y sus esfuerzos se fundirán con el celaje.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Torcuato es un caso


Todos saben que hay un abril en su memoria y que tiene debajo de la lengua palabras enroscadas. Todos saben que tiene la jovial presencia de animo para vestir con gracia ese sombrero de saltimbanqui en su amapola cabeza. Por eso, cuando lo visito me traspasan las biografías conocidas y me siento en esa silla de paja a mirar como acomoda sus libros. Pasa Ovidio entre panes tantálicos, pasa el libro del Buen Amor, se acomoda Quevedo entre Sigüenza y así, uno a uno de los libros llenan sus estantes, como si la resaca nunca dejara inmune el rostro. Alguna fe adorable tiene Torcuato, su mirada es una palmada en el  hombro, yo no sé cómo resiste ese vendaval de ser consciencia. No tiene adioses en sus ojos y parece que sabe de qué lado caerán los dados. Hay una inmensa calma pulida en su manos, son como un dulce bolillo salido del fogón. Cada martes lo visito, si hay algo que gusto de la semana es ese día. Lo ausculto como si fuera un huerto de árboles frutales. Torcuato me cuenta que en mayo tomó la decisión de ser abril. Le creo y espero que algún mes pueda vivir en su totalidad en mi. Una chicha calma se lamenta en mi voz, porque Torcuato sólo sonríe y no me dice nada. No me aburro, trato de encontrar esa bahía que parece acoger a Torcuato. Todo parece tan fácil. Haber nacido sin causa, lo he leído, sabe a sombra.

martes, 13 de febrero de 2018

En el ropero


Me acabo de enterar que escondida en el ropero se encontraba el testimonio de su eco, de su espacio, de sus raíces; ahí se siente tranquila y canta, trepida entre abrigos y bufandas. En mitad de la noche la busco con los ojos abiertos. No pestañeo. Trago saliva enamorado. Con los ávidos dedos froto el vestido azul en mi cara. Me crecen los labios entre los ganchos de ropa y ese fino olor a encierro de la seda. Dibujo el signo prohibido de su nombre y siento que respira entre el roble y la sequedad de los cuellos almidonados. Habito este reducido espacio que no se acaba nunca. Entre brasas se mete en mi nariz la polilla, me hace toser. Me aferro a una bufanda, la enredo a mi cuello, aprieto y me deslizo. Doy vueltas buscando completar el ritual del apareo. Caigo inmóvil en la quimera, en el callejón de mi frente.
Nunca entenderá lo que me gusta este ropero.

lunes, 12 de febrero de 2018

Lección tercera bis: Lavado en seco


Las torres como la ropa se secan al sol para que su destino pueda arder con la alegría del amor consumido. La memoria guarda con gentileza esos instantes. Después, todos volvemos a casa.

Fotografía: Torres de la Sé Catedral. Oporto, Portugal.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Afinidad atractiva


Amigos entrañables para regocijo de los biógrafos o da las precarias historias para niños que se cuentan para hacerlos dormir. Genaro y Tolentino, se conocieron de manera natural, al verse en la plaza, después de la función, era obvio que se fugarían, embebidos en esa sensación de ser libres. Genaro, con su anillado cuerpo supo que esa nariz  enorme de Tolentino iría a facilitarle la subida a su lomo. El primer cansancio llegó tres días después, cuando Tolentino decidió parar para beber agua en la fuente. Genaro, temeroso, urgía seguir el camino. Amanecía y las desiertas calles comenzaban a despertar cautelosas, como tratando ocultar al máximo la fuga. El final asechaba, ellos lo sabían y como anestesiados retomaron el camino silenciosos como esos amigos interminables, exhaustos y ciegos. El cazador los espera, anclado en la esquina, afina la puntería. No falla. Ellos no se quejan. Caen en un sueño narcotizado. Los suben al camión. Se prepara una jaula conjunta. Una nueva atracción se avecina.

martes, 6 de febrero de 2018

Quincuagésima octava columna


Algunas columnas conviven con celestiales imágenes en el contraste permanente de la clausura.

Fotografía: Braga, Portugal.

domingo, 4 de febrero de 2018

Lección tercera


La materia toma cuerpo cuando la ciudad avanza en su cotidiana exposición a la intemperie. De igual manera, el olvido toma materia cuando se expone. La coloración tiende a los ocres, a los cobaltos y grises verdosos. No hay referencias, sólo el juego del mirar, como deseaba, Antoni Tàpies.

jueves, 1 de febrero de 2018

Febrero


Se acabó la espera, la manera de pedir haber nacido sin causa única. Febrero destapa el pomo de los números de la buena brecha. Estiremos las extremidades y las innumerables horas de las madres nocturnas que cantan nanas con las pupilas abiertas. Celebremos. 

martes, 30 de enero de 2018

Lección segunda


Todo primer plano es elegante si los segundos planos mantienen la tensión entre ellos. Es por eso que nos provoca tanta aflicción ver una ventana enmohecida y un vidrio roto que nos deja atisbar en el último plano la severidad de un muro.
El mapa mental entonces se queda con la material realidad del óxido. La textura se impone como imagen para hacer nido en nuestra recta conciencia. Como si estuviera rota y sucia nuestra camisa.

lunes, 29 de enero de 2018

Lección primera


Algunas piedras parece que fueron coloreadas a mano. Una acuarela perdurable en estilo natural. Del claro al oscuro, respetando la textura del soporte.

Fotografía: Catedral de Braga, Portugal.

domingo, 28 de enero de 2018

Ángel Gallardo


Nunca conoció el cielo pero suspiraba por él. Marcado por el nombre de Ángel, un mañana salió en barco y se dejó olvidado el destino en su agenda de viaje sobre la mesa de noche. Si por el camino verde se va a la ermita, por el camino azul se debe ir al cielo, espetaba Angelito a todo aquel que le daba entrada al ver su semblante tan frágil y encogido. Sobre la baranda del barco, embravecido el mar, musitaba dulces cantos espirituales para calmar las olas, con ese corazón tan triste al ver oscuro el cielo. En todo ese tiempo no pudo vestir su capa de plumas cocida con esmero. ¿Hasta cuándo se abrirá el cielo?. 
El Capitan del barco, conmovido, le preguntó si sabía volar. Impotente, a Angelito, se le encogió el ceño y le escurrieron gotas de sudor por la frente. 
Su cuerpo no atina ver la eternidad próxima. Se le quema el futuro y su gallarda figura llora el ser que lo habita. Hoy que sus ojos brillan como un condenado, tal vez la suerte de un buen viento lo lleve a ese territorio que no sea de tierra, ni redondo. Recuperar esa alegría excelsa, esa metafísica emoción, tan dulce, de querer aspirar a las alturas; estaba tan cerca, si no hubiera olvidado su agenda en la mesa de noche.
Esperamos todos que no pierda las ganas de vivir.

viernes, 26 de enero de 2018

Urdimbre


Una de las estructuras más sólidas se logra cuando entrelazamos formas de la misma naturaleza o afines. El ritmo que se logra es tan suave como la llave de Sol en el pentagrama. Una verdadera cremallera, como la sensualidad.

Fotografía: detalle constructivo del Ponte de Arrábida, Porto Portugal.

jueves, 25 de enero de 2018

Edificio en construcción


Quería más mundo, por eso desde su ratonera tocaba el piano. Tonos y semitonos eran el sustento cotidiano. Los condóminos, acostumbrados a los programas de éxitos del momento, montaban un espectáculo de reclamos que si no fuese porque él era dueño del edificio no sé si pudiera seguir su peculiar teoría de vivir la vida. Porque era teoría, no era una pose hostil hacia lo sociable, era una verdadera postura de pensamiento. En nuestros días eso que podría llamarse principios, ha derivado a una extenso mausoleo que se visita por errores de wikipedia. Sus principios comenzaban con el entrenamiento de la mano, la destreza y la posible pureza de movimientos que empalmaba con la experiencia de la convivencia. El segundo principio tiene que ver con el oído, todo sonido dice, es un catálogo que reproducimos desde que comenzamos a balbucir sonidos, nuestra personalidad, nos dice, deriva de la tonalidad de esos primeros encuentros sonoros. El tercer principio es la expresión, una expresión es la exposición de los dos principios anteriores en el espacio y tiempo en que se expresan. Por eso hay tanta disonancia en el mundo actual. Concluye.
No cabe duda que es un Manual Técnico, yo sé que todo manual va directo al fracaso, no se lo he dicho porque la escritura es la única manera de darle cuerpo a la expresión de una vida. Nociones que hemos olvidado. 
He intentado organizar un ciclo de conferencias para que los inquilinos del edificio comprendan que los sonidos pueden modificar la representación de su mundo. El primer problema se presentó en cómo nombrar al conferencista, optamos por: “El dueño del edificio: apuntes de sonoridad” Fue un título lo más abstracto que pudimos, ya que él no quería quedar en un anecdotario que pudiese ser malinterpretado como un uso de poder soterrado. 
No llegó nadie. Él, desde lo más recóndito de su ratonera está decidido a retomar sus apuntes ahora enfocado a gesticular acordes indescifrables. El edificio se va quedando vacío. La sonoridad es tal, que el vecindario comienza a inquietarse. 
Estamos rodeados y lo apuro a dar un acorde definitivo.

miércoles, 24 de enero de 2018

Errar de día


Penetrar en la lenta mano del olvido es como retocar de bulto el espacio entre ellos. Vagar por las calles, lo supe siempre, es dar alimento a esta visión de peregrino. A ese calamar que habita en el cerebro; a ese guardián que nos espera en la ventana. 
Los herrajes, si tienen herrumbre, se conservan mejor en la mirada.

Fotografía: Rua de Atafona, Porto, Portugal.

martes, 23 de enero de 2018

A la carta


Transido por la pena, tuvo la desgracia de escribir cartas que nunca llegaron a buen destino. Utilizó todos los trucos verbales conocidos. Es realmente digno de encomio, eligió un bonete de fieltro, unas calzas amplias y un altanero porte florentino. Creía que a sus 18 años poseía los secretos de tocar los corazones. Muy caro lo pago. No sobraban piropos, requiebros, pero le faltaba verdad. Lo imperceptible carece de contornos, lo había leído, y embelesado no le dio importancia al sentido ordinario de las palabras. Puso su escritorio en la plaza pública, y no le faltó quien buscase sus servicios para escribir esas líneas que tocasen el corazón de la amada o del amado.
Su abuela le advertía, escribir cartas de amor pagadas es mal negocio, al final sólo tendrás desdichas, mejor escribe discursos para los políticos, ahí podrás mentir a voluntad y nunca habrá arrepentimiento.
Cuando miro de nuevo pasar a Aristóteles Méndez, desgarbado, se aprecia la cara del desengaño, el mal dolor y el distintivo de algún partido político en campaña pegado en su camisa de satín. 

lunes, 22 de enero de 2018

Punto de apoyo


La visión también tiene la función de una palanca simple. Sólo basta un punto para organizar el espacio. El estilo es ulterior.

Fotografía: mirando al Ponte de Arrábida, Porto, Portugal.